miércoles, 2 de marzo de 2016

Otra versión

Entrevista completa a Lacerta, una supuesta mujer intraterrestre reptiliana.

https://www.youtube.com/watch?v=HXLazrEmsWI

De acuerdo a lo que ahí se dice, lo que nosotros consideramos la caída de un asteroide fue una guerra que se produjo en la parte alta de la atmósfera entre los reptilianos, verdaderos nativos de este planeta, y los Elhoim de Aldebarán que vinieron aquí a hacer un experimento genético, del que resultamos los humanos.
Los Elhoim se fueron, pero antes destruyeron sus construcciones, por ejemplo, las ciudades del Valle del Indo.

martes, 8 de diciembre de 2015

Catástrofe apocalíptica

Los antiguos textos hindúes describen una catástrofe apocalíptica.

Oppenheimer, quien estudió con avidez el Sánscrito antiguo, sin duda se refería a un pasaje en "El Bhagavad Gita" que describe un desastre global causado por "un arma desconocida, un rayo de hierro".
Sostenemos que se trata de la caída del hoy denominado Asteroide Chaco, que fue un residuo de la estrella Vela, que a su paso destruyó la Biosfera del Planeta Marte.

Esta evidencia no es sólo literaria, sino también de amplias extensiones de fragmentos de vidrio fundido diseminadas en muchos desiertos del mundo. Cristales de silicio, curiosamente moldeados, se asemejan notablemente a los mismos fragmentos encontrados después de las explosiones nucleares en el sitio de pruebas atómica de White Sands en Alamogordo.

En diciembre de 1932, Patrick Clayton, un topógrafo de la Egyptian Geological Survey, condujo entre las dunas del gran mar de arena, cerca de la meseta de Saad en Egipto, cuando oyó que algo se trituraba debajo de las ruedas. Cuando examinó lo que estaba causando el sonido, encontró grandes trozos de vidrio en la arena.

El hallazgo atrajo la atención de geólogos del mundo y plantó la semilla para uno de los mayores enigmas científicos modernos. ¿Qué fenómeno podría ser capaz de elevar la temperatura de la arena del desierto a por lo menos 3.300 grados Fahrenheit, en hojas grandes de vidrio fundido de color amarillo-verde?
Explosión atómica destruyó ciudad hace 4000 años
La extensión del material fundido en el desierto requeriría que la explosión haya sido 10.000 veces más potente que la observada en Nuevo México.

Muchos científicos han intentado explicar la dispersión de grandes rocas de vidrio en los desiertos de Libia, el Sahara, Mojave y muchos otros lugares del mundo, como producto de impactos de algún meteorito gigantesco.
Además, las rocas de cristal se encuentra en el desierto de Libia presentan un grado de transparencia y pureza de 99% porque el meteorito sólo sobrevoló el desierto, pero no cayó ahí.

Dos de las áreas que se encuentran muy cerca en el desierto de Libia muestran el mismo patrón.

Catástrofe en Mohenjo Daro

Una antigua ciudad, densamente poblada en Pakistán, fue destruida instantáneamente, 2000 a.C. fue destruida por una increíble explosión.
Ésa es la conclusión de un investigador británico, David Davenport que se pasó 12 años estudiando las antiguas escrituras hindúes y la evidencia en el sitio dónde la gran ciudad Mohenjo Daro estuvo alguna vez de pie, había un epicentro como de 50 yardas de ancho, donde todo fue cristalizado, fundido o derretido, dijo.

A sesenta yardas del centro, los ladrillos están fundidos en un lado, indicando una explosión. El horrible y misterioso evento de hace alrededor de 4000 años, que derribó Mohenjo Daro, fue grabado en un antiguo manuscrito hindú llamado Mahabharata, que ha sido custodiado por santos varones durante siglos:

Humo blanco caliente, que era mil veces más luminoso que el sol subió en brillo infinito y redujo la ciudad a cenizas, se lee en el relato. El agua hirvió ...caballos y carrozas de guerra fueron quemados por los miles.. . los cadáveres de los caídos fueron mutilados por el terrible calor, tanto que ya no parecían como seres humanos...

La descripción concluye:

'era una vista terrible de ver... nunca antes hemos visto un arma tan terrible.'

Muerte en Mohenjo Daro

Los textos nos dicen que a los 30.000 habitantes les dieron 7 días para evacuar – una clara advertencia que todo estaba por ser destruido. Obviamente, algunas personas no consideraron la advertencia y 44 esqueletos humanos fueron encontrados allí.

En conclusión

Muchos historiadores dicen que hubo una guerra nuclear en la antigüedad mientras otros dicen que no.
El antiguo Mahabharata hindú describe que un "único proyectil cargado con todo el poder del universo. Una columna incandescente de humo y llamas brillantes como 10.000 soles se elevó en todo su esplendor".

 

domingo, 28 de junio de 2015

El Calendario Hebreo

El calendario hebreo comienza con la Génesis del Mundo, que aconteció, según la tradición judía, el día domingo 7 de octubre del año 3760 a. C.; fecha equivalente al 1 del mes de Tishrei del año 1. De esta manera, el año gregoriano de 2015 equivale al año hebreo de 5.775 (que comenzó al atardecer del 16 de septiembre del 2014 y finaliza el 4 de septiembre 2015).

Para convertir un año del calendario gregoriano a su correspondiente hebreo, basta con sumar o restar la cifra de 3760 (2013 + 3760 = 5773).

El calendario judío actual comienza a contar desde "el inicio del mundo", según la Biblia.

Se estableció este inicio desde la creación del mundo, 3.760 años antes que la era Cristiana.

Hubo diversos intentos de establecer el comienzo de la Era Judía. La dificultad reside en que los cálculos se basan en el estudio del Antiguo Testamento y existen diferentes redacciones que dan distintas fechas;
- la más corta es de 3.483 años a.C.,
- y la más larga de 6.984 años a.C.,
- Aunque las más comunes fueron las de 3.952 (18 de marzo, defendida por Beda el Venerable) y la de 4004 a.C., concretamente el 23 de octubre a las nueve de la mañana, según los cálculos de James Usher (1581-1656).

El judío es un calendario lunisolar. Los años comunes tienen 12 meses y los años embolismales tienen un mes adicional. Además, en el calendario judío, los años pueden ser defectivos, regulares y abundantes.
El calendario judío consta de ciclos de 19 años, de los cuales 7 son embolismales, el 3º, 6º, 9º, 11º, 14º, 17º y 19º (ciclo de Metón). La correspondencia con el calendario cristiano es aún más difícil. Existen tablas de correspondencia de años pero en la práctica cada año judío se corresponde con un año cristiano, aunque el año judío comienza un día entre el 25 de agosto y el 5 de octubre. Teóricamente el año comienza con la Primera Luna Nueva de Otoño.

lunes, 4 de mayo de 2015

Los bia

A.- Bajo Egipto:

- Neolítico (5.300 – 4.000 a.C.)
- Complejo Cultural de Maadi (4.000 – 3.200 a.C.)

B.- Alto Egipto:

- Período Badariense (4.400 – 4.000 a.C.)
- Período Amratiense o Naqada I (4.000 – 3.500 a.C.)
- Período Gerzense o Naqada II (3.500 – 3.200 a.C.)

En los Textos de las pirámides se habla de unos misteriosos “rayos”, que cruzaban los cielos de Egipto. Estos rayos, llamados bia, estaban hechos de un extraño mineral, terriblemente duro; aunque lo más singular de ellos eran sus poderes mágicos.
Los bia, literalmente “el metal del cielo”, debieron ser meteoritos ricos en hierro, los llamados sideritos. Los egipcios vieron en ellos un gesto de gracia por parte de los dioses celestes.
Hoy sabemos que muchos de estos meteoritos eran divinizados y adorados en templos. En el libro II de la Historia Natural de Plinio el Viejo (23-79 d.C.) podemos leer cómo en el templo de Abydos, la morada de Osiris, divinidad solarizada tiempo después, se adoraba una piedra que la tradición identificaba como caída del cielo.
Otros textos nos dicen que en Abydos se veneraba una de las reliquias más importantes de Osiris, su cabeza. Si a esto le sumamos que los egipcios pensaban que los huesos de los dioses estaban hechos de hierro meteorítico, podríamos especular con que la cabeza de Osiris era un meteorito que recordaba el cráneo del Dios de los Muertos.
Los egipcios emplearon el material para ellos sagrado (no olvidemos que contaba con un elevado porcentaje de níquel, casi un 10 %, para la confección de herramientas mágicas que utilizaban en sus rituales. Curiosamente este hierro no era empleado para fines prácticos, como podría esperarse de él, debido a su extremada dureza. Los egipcios entendían que su poder radicaba en la esencia misma del material y, sobre todo, en el lugar mágico del que provenía, el cielo de los dioses.

De la antigua ciudad de Heliópolis, la ciudad del Sol, hoy prácticamente no queda nada. Algunos vestigios se pueden ver junto a la zona de Matareia, en El Cairo. Del templo original no hay rastro pero todos los textos antiguos hablan de él como el lugar en donde se albergaba el sagrado Ben-ben, la piedra primigenia de la que surgió la vida según la cosmogonía heliopolitana.
Textos como a piedra de Shabaka conservada en el Museo Británico de Londres, relatan que antes de existir el universo, hubo un espacio y un tiempo al que ni siquiera los recuerdos podían alcanzar. En esa profunda oscuridad, la nada más absoluta, el Nun, el no-ser, flotaba en un océano de agua inerte. En cierto momento, de las aguas de ese vacío insondable surgió la colina primigenia; una colina piramidal de color negro. En su vértice emergió el dios solar Atum, el primer dios creador, el mismo que dio vida a todos los dioses celestes que llegaron a la Tierra en el origen del los tiempos.
Según la cosmogonía de Heliópolis, la piedra Ben-ben fue aquella colina primigenia que sirvió de soporte para el disco solar. En la propia ciudad de Heliópolis se construyó la Mansión del Ben-ben, lugar en el que los sacerdotes heliopolitanos conservaban celosamente la reliquia de esta colina primigenia, símbolo del semen creador petrificado del dios Atum.
Una vez más, para muchos investigadores esta piedra Ben-ben no sería otra cosa que un meteorito; una piedra caída del cielo en la prehistoria y que cambió de forma traumática la forma de creer y pensar de los antiguos egipcios.
 Nace un diseño estelar
¿Cuál era la forma y el material del que estaba hecha esta enigmática reliquia primigenia? Lo ignoramos ya que no contamos con ninguna descripción ni la piedra en sí. Sin embargo, por las descripciones de los textos parece indicar que pudo haberse tratado de un fragmento de meteorito con forma piramidal, una señal de los dioses. Este extraño elemento piramidal cuyo verdadero significado solamente podemos intuir, está también relacionado con el piramidión, el vértice que remataba las pirámides y también los obeliscos, iconos solares por antonomasia.
Imhotep, sabio arquitecto y finalmente dios en el I milenio antes de nuestra era, pasa por ser el ideólogo y creador de la forma piramidal. A su ingenio se debe la construcción de la primera pirámide de la historia, la del faraón Zoser en la meseta de Sakkara, en el 2650 a. C. Él creó esa espectacular escalera hacia el cielo que conectaba al rey difunto con sus ancestros estelares..
Si revisamos los cargos que desempeñó en vida, encontraremos uno especialmente singular. Imhotep ostentaba el puesto de “Inspector de todo lo que el cielo trae” y se dice que su extraordinario conocimiento en astronomía y en toda clase de ciencias provenía de un misterioso libro de origen celeste. Una vez más encontramos ese vínculo con el mundo extraterrestre en la literatura egipcia de las primeras dinastías y que nos acercan, seguramente, al mundo de los meteoritos.
Esta relación la encontramos desde las primeras dinastías. A 15 km al sur de Heliópolis, en un emplazamiento conocido como Abu Gurab, se encontraba el antiguo complejo de templos solares de los reyes de la V dinastía. Hoy apenas quedan restos de dos de ellos, el de Userkaf y el de Niuserre. Se trataba de estructuras abiertas en cuyos patios, tras un altar para sacrificar animales, se erigía un enorme obelisco en honor del dios Ra, el Sol.
La estructura del conjunto era similar a la que pueda tener un complejo piramidal. Lo único que cambiaba era la pirámide, sustituida en el caso de Abu Gurab por un grueso y achaparrado obelisco. Hoy de todo este complejo no quedan más que unas pocas ruinas, las suficientes como para que los arqueólogos se hayan podido hacer una idea de la importancia del lugar y de su antiguo significado.
Objetos ET para revivir al difunto
El vínculo de unión entre el mundo celeste con el ámbito funerario, se mantuvo durante toda la historia de Egipto. Si los Textos de las pirámides daban las fórmulas necesarias para que el rey difunto regresara a las estrellas, los textos funerarios posteriores, destinados a ayudar a todos los egipcios de cualquier estamento social en ese viaje al mundo de Osiris, continuaron con las mismas ideas.
El Libro de la salida al día, más conocido como Libro de los Muertos, cuenta con un pasaje singular en el que se describe la llegada de la momia a la entrada de la tumba. Allí recibe por parte de los sacerdotes el ritual de Apertura de la boca, esto es, una liturgia por la cual el difunto recuperaba sus cinco sentidos para poder comenzar el viaje al Más Allá. Un sacerdote sem se colocaba ante la momia erigida frente a la puerta de la tumba, rematada por una pirámide, y gesticulaba con una suerte de azadón de color negro. Esta extraña herramienta, llamado setep, según muchos egiptólogos, estaría hecha de hierro de origen meteorítico, una evidencia más de la presencia de elementos extraterrestres en la religión egipcia y su extraordinario valor en los rituales de iniciación. En otras ocasiones se empleaba con la misma finalidad el llamado psesh-kef, una herramienta con forma de cola de pez.
Además de ser empleado con las momias, esta liturgia también se usaba para dar vida a cualquier tipo de animal sagrado e incluso templos o estatuas. Antiguamente era llevado a cabo por el mismo artesano que hacía la estatua sin necesidad de usar un sacerdote como intermediario. En el caso de las momias el ritual de Apertura de la boca se celebraba en dos ocasiones. Primero se realizaba inmediatamente después de finalizar el proceso de embalsamamiento, en el taller de los embalsamadores. Más tarde, el ritual se repetía, como hemos visto, antes de que el sarcófago y la momia fueran colocados en el interior de la tumba para la eternidad.
Una vez más nos topamos con un dato que refuerza la idea de que los antiguos egipcios relacionaban el origen de la vida y la existencia después de la muerte con el mundo fuera de nuestro planeta.
La piedra de Tutankhamón
Un nuevo ejemplo lo encontramos en la tumba de Tutankhamón, descubierta en 1922 por el arqueólogo británico Howard Carter. En una de las cajas con joyas apareció un rico pectoral (Carter 267D, JE 61884) cuyas piezas formaban en escritura críptica el nombre ceremonial de entronización del Faraón Niño, Nebkheperura. La joya, de 14,9 cm de alto, está hecha de oro, plata, incrustaciones de lapislázuli, carnalita, obsidiana, diferentes cristales de colores y, lo más singular de todo, una misteriosa piedra. En el centro del pectoral destaca un escarabajo que sujeta la barca solar de Ra en su viaje por el firmamento. El insecto está tallado a partir de una piedra traslúcida de color verdoso de naturaleza única.
En realidad se trata de un singular mineral denominado piedra del desierto (calcedonia translúcida). Fue descubierto por primera vez en el año 1932 por el cartógrafo británico Patrick A. Clayton. Además de ser el primer hombre que cruzó de este a oeste el Gran Mar de Arena por el paralelo 27 que se abre por todo el desierto Líbico de Egipto, a su regreso dio con este mineral tan curioso. Su origen seguramente esté relacionado con algún objeto estelar que chocó con la Tierra hace unos 28 o 29 millones de años. Lo más probable es que el meteorito en cuestión chocara con tanta fuerza contra nuestro planeta que lanzó al aire rescoldos derretidos de material que, tras enfriarse en pocos segundos, cayeron otra vez al suelo, generando este monóxido de silicio de gran pureza. El paso del tiempo y el azote de la erosión del viento hicieron el resto: una superficie cristalina realmente increíble en la que destacan especialmente las tonalidades verdosas, como es el caso de la piedra que forma el escarabajo del pequeño pectoral de Tutankhamón..
Los egipcios conocían la naturaleza de esta piedra extraterrestre. Su fuerza simbólica fue empleada en la joya del Faraón Niño para reforzar la idea de la magia solar y lunar que exhala el pectoral. Pero, lamentablemente, solo nos ha llegado su uso en esta joya del arte faraónico. Modernas expediciones al desierto Líbico han dado en las dos últimas décadas con nuevos restos de piedra de origen extraterrestre procedentes de aquella explosión.
El “alien” del Valle de los Reyes
Si buscamos en internet vídeos de seres extraterrestres en el antiguo Egipto, fácilmente nos toparemos con este ejemplo. Sus visitas se cuentan por millones. La imagen es espectacular, casi estremecedora. La historia cuenta cómo cerca de Lahun, al sur del oasis de El Fayum, una expedición secreta descubrió dentro de una pirámide los restos de lo que en términos ufológicos se conoce como Entidad Biológica Extaterrestre.
La primera vez que yo vi esta misteriosa momia, porque sí, yo la he visto, fue en el hospital Kasr El-Eini de El Cairo en el año 1999. El Dr. Gaballa, su redescubridor, me la mostró en una de las estancias del hospital en donde había aparecido junto a otras momias olvidadas desde hace décadas.
El misterio de este cuerpo de color grisáceo reside en que apareció en la tumba de Tutankhamón, en 1922. Se trata de uno de los dos fetos momificados, hijos del Faraón Niño (el ADN no ha dejado dudas), descubiertos por Howard Carter en esta tumba. La fotografía no tardó en trascender a los medios de comunicación, recalando poco después en los foros de misterios ufológicos. Enigma resuelto.
El extraño visitante de Ptah-hotep
En los años 90, ante la aparentemente asombrosa evidencia definitiva que mostraba esta fotografía, se quiso ver a un alienígena clásico en una tumba de Sakkara. Lo tenía todo: cabeza desproporcionada, grandes ojos negros almendrados y rasgados y piel grisácea. ¿Qué más se necesitaba para demostrar la presencia de seres de otro planeta en el Egipto faraónico?
La imagen procedía de la tumba de Ptah-hotep, Visir del faraón Djedkare-Isesi, (V dinastía, ca. 2400 a.C.). La primera vez que la vi ya observé algo que no encajaba. El ser era sobradamente claro. Sin embargo, partes de la anatomía del oferente que había a su derecha, parecían superponerse, algo insólito en el arte egipcio.
Cuando a los pocos meses visité la tumba de Ptah-hotep en Sakkara, en efecto, descubrí al observar la escena con detenimiento que, como se ve en la segunda imagen, el famoso alienígena era en realidad una pareidolia. Sencillamente, no era más que un jarrón con doble asa, en donde un par de frutos daban forma a unos “ojos” almendrados.
Pero más allá de estos fraudes o malentendidos, quizá lo más importante de todo es que los egipcios lo conocían. Sabía que más allá de nuestro planeta había algo. Quizá no alcanzaban a comprender qué, pero su certeza en la procedencia de estos objetos extraterrestres era clara. Cada vez que alguien me ha preguntado por la vida más allá de nuestras fronteras terrestres, mi respuesta ha sido firme y contundente. Sé que no estamos solos en el Universo y que, muy posiblemente, al igual que nosotros vamos, ellos pueden venir. Ahora bien, eso no demuestra de ningún modo que yo acepte que la cultura egipcia sea de origen o tenga influencia extraterrestre. Al contrario, en los 25 años que llevo investigando este campo, todavía no me he encontrado una sola prueba de ello. Y sin embargo, aunque parezca paradójico, los antiguos egipcios sí tuvieron contacto con ese mundo tan lejano y fantástico, siendo su huella algo absolutamente claro y evidente en su cultura, porque sí, Egipto sí era extraterrestre…
 

lunes, 5 de enero de 2015

La Estela de Gebel Barkal en Nubia

Alta Nubia es hoy Sudán.
La estela de Gebel Barkal deja testimonio del paso de una “estrella luminosa” que fue vista desde allí.

George Reissner publicó en 1933 este documento para la revista egiptológica Zeitschrift fur Agyptischen Sprache und Altertumskunde, en su edición número 69.
“Escuchad, ¡oh pueblo de la Tierra del Sur!, que estáis [viviendo] en la Montaña Sagrada llamada "Trono de las Dos Tierras". Conoced el milagro de Amón Ra, en presencia de las Dos Tierras. Algo que nunca ha sido visto. (34) [faltan 18 centímetros] [...¿Los guardas?] estaban viniendo con el fin de hacer por la noche (el cambio regular de) la guardia. Había dos guardias (sentados uno frente a otro). Una estrella vino aproximándose desde el Sur. El hecho nunca había sucedido. [La estrella] se colocó sobre ellos y ninguno entre ellos pudo permanecer (allí). (35) [faltan 19,75 centímetros] Se giró como si nunca hubieran existido, y entonces ellos cayeron sobre su sangre. Ahora [la estrella] estaba detrás de ellos (iluminando) con fuego sus rostros; ningún hombre entre ellos pudo defenderse, ninguno miró alrededor. Ellos no tenían más caballos ya que (éstos) atemorizados habían huido a la montaña. (36) [faltan 20,75 centímetros] [Tal es el milagro que Amón hizo por mí, su amado hijo] con el fin de hacer ver a los habitantes de las tierras extranjeras el poder de Mi Majestad".
En este documento encontramos que Reissner sólo se limitó a describir este evento extraordinario como “El Milagro de la Estrella”.
Para la egiptóloga Bárbara Cumming considera que “la naturaleza exacta de este milagro es incierta. Por la descripción parecería haber sido un meteorito…”.
La fecha que encabeza el relato es la de 1.457 a.C. Por lo repentino del fenómeno y el movimiento de la “estrella” se trataría de un meteorito.
En la línea 35 esta “estrella” estaba tan cerca que iluminaba el rostro de las personas, es decir siguió acercándose y en la línea 36 los caballos atemorizados huyeron del lugar. “Algo” realmente había.

Cuatro evidencias

Han sido halladas hasta ahora 4 evidencias del paso de un meteoro sobre esta línea.
1. La destrucción inmediata de Ubar.
2. La arena del desierto convertida en vidrio, en Wabar.
4. Evidencias del paso o caída de un meteorito caliente, a una temperatura superior a los 1.000° C.
3. La tumba de Nigeria, con una mujer y un niño abrazados, víctimas de una muerte instantánea.

Ubar

Nuevos datos vienen a reforzar la teoría de la caída del Asteroide Chaco.
1. En la década de 1980 un grupo de investigadores interesados en la historia de la ciudad de Ubar, en Oman, utilizaron satélites de la Nasa de teleobservación, radar de penetración del suelo, datos del programa Landsat e imágenes tomadas desde el Transbordador espacial Challenger, así como el SPOT datos para identificar antiguas rutas de camellos, que mostraban donde se unían tales rutas del comercio de incienso; así descubrieron los restos de Ubar, un gran centro comercial de esplendorosa arquitectura y riquezas en la región de Rub’ al Khali, al sur de la Península Árabe, desaparecido de manera repentina hace 5.000 años por causa de un desastre climatológico
El arqueólogo Harry St. John Philby salió en su busca en 1932; no descubrió la ciudad, pero su expedición lo llevaría a descubrir los increíbles cráteres de Wabar, inmensos cráteres de vidrio formados cuando una serie de meteoritos impactó con la arena cristalizándola en el proceso.

 http://www.passc.net/EarthImpactDatabase/wabar.html